Se aproxima el verano, y por momentos los calores en esta mi ciudad de Ourense son insoportables. Es merecido el abandonarla temporalmente hasta que la temperatura torne a parámetros de normalidad, so pena de que mi cerebro se dilate, roce las paredes craneales, y me transforme en un ser demente.
Dejo mi último post de temporada intencionalmente antes de la cena fin de campaña de esta noche. He perdido el entrenamiento durante los últimos años, así que no se si mañana recordaré quien era yo, o donde había dejado mi blog, o si yo tenía un blog, o si yo nunca he existido y solo he sido la ficción de mi blog imaginario…
Durante los últimos meses he dicho y escrito muchas cosas, y en su mayor parte tonterías que en mi jubilación me encargaré de juzgar. Por el momento no reniego del derecho que cada uno de nosotros tiene a decir tonterías y a equivocarse. Me aterrorizan las personas que se lo saben todo y muestran una seguridad de acero, que impide ver la ineludible imperfección humana.
Aunque este sea un blog de autoconsumo creado para mi deleite u horripilación futura, aprovecho aquí para agradecer cada uno de los comentarios que me han acompañado a lo largo de todo este tiempo.
Mi trabajo me permite tomarme unas largas vacaciones que se prolongarán hasta finales de septiembre. Mucha gente de mi entorno considera que esto es un privilegio pero yo siempre argumento que no es tan así. En realidad son unas injustas vacaciones, porque más o menos a cualquier español le dan en verano un mes de vacaciones y una paga extra para disfrutarlo. De la misma forma a mí que me dan tres meses, considero que también deberían darme tres pagas extras. Pero antes de reclamar y ponerme en pie de huelga, diría: “Diosito, Diosito, que me quede como estoy”.
Hasta ahora siempre sabía lo que hacer en vacaciones: coger la caravana, estirar el dedo índice al viento, y rumbo hacia cualquier lugar de la costa. Pero este verano como estamos de reformas, habrá que variar de modalidad y buscar nuevos formatos.
Vacaciones en dos tramos
- Uno con la peque Sely. Aunque tengo mis pequeñas preocupaciones por el cambio de modelo, se que serán fenomenales simplemente con seguir nuestro lema: jugar hasta reventar.
- Otro conmigo mismo. Y aunque el espíritu me invita a la actividad y la aventura; el cuerpo pide descanso, meditación y quizás hibernación. Ya veremos cual de los dos gana.
Todas estas vacaciones aderezadas con el encanto del retorno al “pueblo”, a los orígenes paternos, anclados en el sosiego y la familiaridad. Del retorno a mis padres en definitiva.
Diría más cosas, pero todavía tengo que hacer las maletas…
Felices... a todos.
Hasta la vuelta.















